En Recursos Humanos las cosas han evolucionado, hoy ya no se trata únicamente de atraer talento; el verdadero desafío hoy radica en tomar mejores decisiones, en menos tiempo y con un mayor impacto estratégico en el negocio. Desde el equipo de Operaciones de TRI, hemos transformado nuestra visión y no nos vemos solo como los proveedores de una plataforma tecnológica, sino como los coequiperos de nuestros clientes. Caminamos junto a ellos con la plena conciencia de que, detrás de cada proceso operativo, existen decisiones trascendentales que impactan vidas, moldean culturas organizacionales y definen futuros profesionales.
Seamos sinceros: a muchos les da miedo que la tecnología reemplace a las personas. Pero nosotros creemos todo lo contrario. La Inteligencia Artificial (IA) no llegó para quitarnos el trabajo, sino para ayudarnos a hacerlo mejor.
Coincidimos plenamente con el concepto de «Inteligencia Colaborativa» que exponen H. James Wilson y Paul R. Daugherty en la Harvard Business Review. Ellos explican que el verdadero éxito no está en enfrentar al humano contra la máquina, sino en unir fuerzas: dejar que la IA se encargue de la velocidad y los datos, para que los humanos podamos aportar lo que una máquina no tiene: liderazgo, creatividad y juicio social. En TRI la vemos precisamente así: como esa aliada silenciosa que organiza y agiliza.
Nuestra regla es clara: la IA no decide por las personas; los datos nos dan la luz, pero el criterio humano define el camino.
Un ejemplo tangible de esta visión es ADEL, nuestro Agente de Empleabilidad Laboral. En la masividad de los procesos de selección actuales, es fácil pasar por alto detalles sutiles, pero ADEL nos permite analizar variables que muchas veces se vuelven invisibles ante el ojo humano por el volumen de datos, y que son, precisamente, las que marcan la diferencia en la retención del talento. Gracias a esta nueva compañera, hoy podemos identificar patrones clave, priorizar lo importante sobre lo urgente y establecer la viabilidad de un proceso incluso antes de iniciarlo, asegurando que el esfuerzo se dirija al lugar correcto.
Como líderes de proyectos, hemos integrado la IA en nuestro día a día de forma natural, permitiendo que nos apoye en tareas que, aunque parecen simples, consumen un tiempo valioso. Esta colaboración nos ha permitido tener más organización al capturar notas en reuniones y recordar acuerdos, así como ganar estructura al plantear solicitudes más claras y organizar ideas complejas. Al automatizar las tareas más operativas, reducimos el ruido mental y el estrés administrativo.
Al liberar esta carga operativa, ganamos lo más preciado: «tiempo de calidad». Tiempo real para la escucha activa, para entender profundamente los dolores de nuestros clientes y para ofrecer un acompañamiento más cercano, sensible y personalizado. La inteligencia artificial, aplicada a la gestión humana, no es un fin en sí mismo, sino el vehículo para que las organizaciones sean más ágiles, justas y humanas. En TRI, la ecuación es simple: cuando automatizamos lo operativo, liberamos el potencial humano. Los procesos se vuelven más homogéneos, trazables y eficientes, pero, sobre todo, nos permiten enfocarnos en lo que ninguna máquina podrá hacer jamás: conectar genuinamente con las personas.

